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  • Mar 18, 2015

Autoestima

Cuántas veces hemos escuchado hablar de la autoestima, si tenemos mucha o poca… Si la tenemos en lo alto o por el suelo…
En verdad es un tema del que tanto se habla en lo cotidiano pero muy poco se comprende.
La palabra autoestima es una palabra de origen griego compuesto por un prefijo, “auto” = por sí mismo; y por un verbo, “aestimar” = evaluar, valorar, tasar. Por lo tanto podemos inferir que autoestima es la manera en que nos valoramos a nosotros mismos.
Pero como se desarrolla esta valoración? Quien otorga el valor a “algo” tan personal como uno mismo? Quien dice si ese valor es el correcto o si por el contrario está sobre o sub -valorado?
Si tengo una foto de mis padres, mis hermanos, mis hijos… en definitiva una foto familiar, probablemente para mis padres, mis hermanos o mis hijos, será de un valor muy importante. Pero si esa misma foto alguien la encuentra en la calle... seguramente la dejara en el suelo porque no tendrá ningún valor para él. Podemos juzgarlo?.. Evidentemente no.
La Autoestima, por lo tanto, podemos decir que es un recurso natural del ser humano y la capacidad o el sentido que tiene una persona para poder valorarse a si misma. Sin depender que alguien lo haga por nosotros.
Está relacionada con la confianza en uno mismo y con el hecho de ser conscientes de nuestras potencialidades, necesidades y capacidades. La reputación que tengo ante mi mismo y el respeto por mis particularidades.
La convicción de que con lo que soy, basta para funcionar, y no tengo que incorporar nada nuevo a mi vida, sino integrarlo en ella.
Pero es importante y conveniente aclarar que podemos tener comportamientos de baja autoestima en algún momento de nuestra vida, aunque nuestra tendencia sea vivir conscientes de quienes somos, amándonos y respetándonos. Fragmentos de tiempo de desconfianza en uno mismo por diferentes circunstancias puntuales de nuestra vida, ya sea laborales, personales o sociales, no es lo mismo que una vida regida por el miedo como emoción fundamental. Uno es actitud pasajera y el otro es forma de vida, “modus operandi”. Y es importante diferenciarlo.
Por otra parte asumiremos que la Autoestima siempre es cuestión de grados o niveles. Es por esto que normalmente utilizamos expresiones como, elevar, aumentar o desarrollar la autoestima, para aludir al hecho de que alguien pueda modificar y mejorar estos aspectos. No solo en favor de uno mismo sino también a favor de nuestro prójimo.
Cuando existe valoración personal, también se valora a los demás, lo que favorece relaciones sanas, la ausencia de conflictos y la aceptación de las diferencias individuales. La paz es el grado máximo de la autoestima. Quienes están por ese camino hacen lo posible por armonizar y aminorar cualquier indicador de conflicto.

Por último hay un cuento de Jorge Bucay que refleja el verdadero valor que se tiene por uno mismo.

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada.
Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto.
¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas.
Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado.
Debo vender este anillo para pagar una deuda.
Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes.
Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.