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  • Mar 18, 2015

El Orgullo

Muchas veces cuando hablamos de estos términos nos confundimos en su utilización para describirnos o para describir al otro.

“Es que el/ella es muy orgulloso/a”, “yo soy muy orgulloso/a y no dejo que me subestimen” , “estoy orgulloso de mi mismo”.

Pero en muchas ocasiones no queremos decir exactamente lo que decimos. O al menos la intención de decirlo.

La real academia de la lengua, lo define como: “Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas. Por otra parte otros diccionarios lo define como: “Satisfacción personal que se experimenta por algo propio o relativo a uno mismo y que se considera valioso”.

Pero hay algo mas curioso aun, y es que cuando buscamos la raíz etimológica de la palabra orgullo nos encontramos con una definición ambigua: “no se sabe si el orgullo es una virtud o un defecto… parece que depende de la causa”

Con lo cual decir que una persona es muy orgullosa, no bastaría para saber si eso es bueno o es malo… en todo caso tendríamos que hacer una ampliación dicha descripción para tener un poco más claro y entender lo que se quiere decir.

El orgullo, en su cara más amable, podríamos identificarlo en la cercanía a la definición autoestima.

Pero la diferencia básicamente radica en la confianza que tiene la autoestima, el valor y la importancia que se concede uno mismo, la satisfacción de estar en sintonía con el mundo externo, de una manera general, es un reflejo de uno mismo en su propia valoración, que los demás perciben sin expresarlo necesariamente.

El orgullo es algo más puntual, no es genérico. Uno puede estar orgulloso de algo que ha logrado a base de mucho esfuerzo y sacrificio, como por ejemplo una titulación académica, un objetivo deportivo, una aspiración laboral o familiar, etc. O también se puede estar orgulloso de alguien con quien tenemos un vínculo más cercano, como puede ser nuestros hijos, padres o amigos.

Si hablamos del Orgullo en su faceta más negativa, tendríamos que asociarlo a la soberbia, la arrogancia o la vanidad. En su contrapartida está referida a la valoración excesiva de los logros o intereses propios y personales, pero que a su vez menosprecia los logros de los demás, considerando los suyos como superiores.

En muchos casos, estas personas esconden inconscientemente sucesos o hechos que han generado una inseguridad, ya sea por errores propios cometidos o por desvalorización de los demás, en sus épocas más tempranas, o mismo en la adultez. Llegando a tal magnitud, que no encuentran otro mecanismo de defensa, que resaltar sus propios logros por sobre los demás, antes de que puedan descubrir aquellas faltas que aún conserva.

En definitiva el orgullo llega a ser una coraza que enmascara un sentimiento de inferioridad, ante una posibilidad que puede ser real o imaginaria, de menosprecio o humillación en el peor de los casos, que tiene la propia persona.

Carl Jung decía algo muy cierto con respecto a esto: “a través del orgullo nos engañamos a nosotros mismos” El autoengaño es una de las formas más humanas de protegerse contra el miedo a reconocer los errores y las consecuencias que generan los mismos.

Como conclusión a esto ultimo diría: “Cuanto más ‘grande’ eres, menos orgullo tienes”